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La Misa del Campo Andaluz

En las fiestas en honor de nuestra amada Patrona María Santísima de Araceli que duda cabe que su protagonismo es extraordinario, ya que su magistral creación, La Misa del Campo Andaluz, es el máximo exponente de cómo un pueblo es capaz de expresar sus sentimientos más profundos, con una música que es la esencia misma de lo que el lucentino siente y quiere.

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La figura de D. Antonio Villa es tan sobradamente conocida en Lucena que son obvias todas las presentaciones. No lo son, sin embargo, los reconocimientos, extensamente en el plano cultural y artístico de nuestra ciudad, y más concretamente en el ámbito aracelitano, pues no es posible entender las Fiestas que en honor de Nuestra Madre celebramos, sin su presencia, ya sea desde su labor de la laureada Coral Lucentina, ya desde su inspiración musical, que ha producido numerosas obras en obsequio de Nuestra Señora, entre las que ocupa lugar de honor en el acervo lucentino y aracelitano su Misa del Campo Andaluz, prodigiosa obra cuya interpretación en la solemnísima función religiosa del Primer Domingo de Mayo, a la par de expresar de un modo extraordinario el amor de todo un pueblo a la Patrona, prestigia el panorama cultural lucentino.

Antonio Villa Álvarez de Sotomayor, ha demostrado al componer la Misa del Campo Andaluz, algo insólito. Al menos así lo cree el que suscribe estas líneas, Circula la creencia de que de Sierra Morena abajo el cante es individualista; que el cante flamenco, ese cante al que con tanta justicia se llama “grande”, no puede ser cantado por un conjunto de voces.

Sobre la Misa del Campo Andaluz.- Art. de F. Espada Revista Araceli Marzo 1993.

Siempre pareció imposible que los sentimientos del pueblo andaluz pudieran ser exteriorizados por un grupo de cantores. Es verdad: el cante de Andalucía, el cante flamenco, el cante “jondo”, que es esperanza y gozo, saeta y sentencia, madrigal, alegría, lamento que se arranca al alma en cortas estrofas, no se adapta para ser cantado por una coral y menos si ha de interpretarse a cuatro voces mixtas. Pero la pluma de Antonio Villa, guiada por la musa de su inspiración, ha sabido plasmar en estas cinco paralelas llamadas pentagrama su alta de artista. Ha sabido Antonio medir unos cantes que siempre se cantaron con libre albedrío; ha conseguido hacer una Misa que, sin ser llamada flamenca, cabalga sobre los más puros aires del cante flamenco. Para ello, el compositor ha suavizado las aristas aguzadas y los “pellizcos” de nuestro cante sin que éste pierda su pureza; ha logrado conjugar en la partitura, arte, medida, sentimiento y amor; amor a nuestra Madre Dulce y Buena, a cuyas plantas, un cuatro de Mayo, día de su fiesta, fueron escuchados por primera vez los acordes de la Misa del Campo Andaluz.

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Comienza la Misa con una introducción inspirada en el fandango de Lucena interpretada sólo por orquesta. Antonio Villa ha sabido recoger en el pentagrama, con toda fidelidad, los tercios de nuestro fandango: en especial el cuarto y el sexto, que tantas dificultades ofrecen a quienes no lo aprendieron al pie de la cuna que los vio nacer.

Siguen a continuación los KYRIES, basados en ese cante que a marisma huele; la malagueña, de suave cadencia en unos tercios y bravía en otros. Con Jaberas, Alegrías de Córdoba, Malagueñas, Fandangos de Huelva y Verdiales, resuelve el GLORIA. EL CREDO, magistralmente concebido, está compuesto con retazos de varios de nuestros cantes. En esta parte de la Misa aparecen peteneras, medias granaínas, polo, seguirillas, alboreá, martinetes, tientos, fandangos de Huelva, taranto y taranta. El autor, haciendo gala una vez más de su espíritu de artista, ha logrado que todos ellos estuvieran presentes en la partitura; ha conseguido que vayan de la mano estos cantes dándole a cada uno su sitio y encaje en el lugar justo de la pieza compuesta; martinetes en la muerte de Cristo; tientos en la Resurrección, y acabando con tercios de taranto y taranta.

En el SANCTUS se inspira el artista en la soleá. Soleá, cante grande y serio de nuestra Andalucía, magistralmente llevado al pentagrama, para también ser cantado a cuatro voces mixtas. El compositor ha sabido hacer romas las aristas afiladas de ese cante; ha logrado, derrochando gracia, pericia y arte, suavizar sus tercios consiguiendo que, un cante tan personal e íntimo, con tanta garra, sea cantado por una coral.

EL PADRE NUESTRO está inspirado en Los Campanilleros de la Aurora que se cantan en Lucena desde tiempo inmemorial.

EL AGNUS por peteneras totalmente polifónicas. La petenera, de cadencias hebreas y sones de viento; la petenera que es plañidera y triste; que es queja y lamento y en pedazos rompe el alma al hablar del sufrimiento. Quizás sea en el Agnus donde el maestro manifiesta de manera más patente la grandeza de su espíritu de artista, al conseguir que el cante por peteneras sea interpretado por cien cantores.

Termina la Misa con el mismo tema de la introducción; el fandango de Lucena interpretado sólo por orquesta. F.E.G.

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01. Introducción 1.1MB 1:36min
02. Señor ten piedad 2.6MB 3:10min
03. Gloria 5MB 6:08min
04. Credo 8.7MB 10:35min
05. Padre nuestro 3.24MB 3:57min
06. Santo 2.05MB 2:29min
07. Cordero de Dios 1.13MB 1:23min
08. Himno Mª Sma. Araceli 3.79MB 5:23min
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