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La música coral

El desarrollo de la música con todo su complejo de influencias y sensaciones ha sido posible gracias a que el ser humano dispone naturalmente del instrumento musical más perfecto y evolucionado que jamás se haya construido: la voz.

Con demasiada frecuencia cierto tipo de melómanos se refugian única y exclusivamente en el campo de la música instrumental, olvidando, cuando no despreciando, la música coral. Pero conviene recordar que desde la antigüedad clásica y hasta prácticamente el siglo XVIII la música siempre se concibió ligada al canto. La música puramente instrumental tiene su espléndido desarrollo a partir del siglo XVIII pero simultáneamente al desarrollo de la música coral.

No es de extrañar este predominio de la música de la música vocal a lo largo de la historia si recordamos el marcado carácter ético de la estética occidental. Así, por ejemplo, para Platón “el arte, al regular la voz, llega hasta el alma y le inspira el gusto por la virtud” y para San Agustín, “Cantari amanti est“. Es un hecho, como ya recogiera Bossuet, que “el origen del canto se remonta a la infancia misma del mundo“.

El siglo XX vio el nacimiento de las Sociedades Corales que apoyaron el mantenimiento de esta tradición: la permanente admiración por el Mesías hizo casi imposible cualquier evolución. Mención aparte merece en España el movimiento coral iniciado en Cataluña por Anselmo Clavé, con la triple finalidad de fomentar la convivencia, impulsar la cultura musical y llevar la música como vehículo de unión hasta los últimos rincones de la geografía catalana.

Un cierto cambio se produjo en la concepción de la música coral con El sueño de Gerontius de Elgar, el Festín de Baltasar, de Walton, obras éstas aceptadas después de muchas dificultades. En el siglo XX, una de las obras más significativas es el War Réquiem (1914) de Bejamín Briten, compuesto para la consagración de la nueva Catedral de Coventry, obra en la que Briten une magistralmente los elementos religiosos con los profanos.

Es cierto que Andalucía no ha tenido una tradición coral de importancia, pero nos encontramos con la espléndida realidad de las “Convivencias Corales” que se prodigan por nuestra geografía y que aportan un mejor conocimiento y difusión de nuestra propia música coral de todas las épocas, sin olvidar la inagotable cantera de nuestro riquísimo folclore. La difusión de la ingente cantidad de música andaluza contenida en nuestros archivos catedralicios y de todo tipo, las obras de nuestros compositores actuales, las armonizaciones de nuestro folclore, han de ser objetivos prioritarios del movimiento coral andaluz, sin olvidar la necesaria y enriquecedora confrontación con las obra del repertorio universal y sin olvidar tampoco la enorme capacidad educadora de la música coral.


Antonio Martín Moreno

Director de la Cátedra de Música Rafael Mitjana

Universidad de Málaga

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